Las etiquetas electrónicas de precio ya no son una tecnología reservada a los grandes grupos paneuropeos.
Supermercados El Jamón ha anunciado un despliegue con Hanshow que pretende digitalizar toda su red comercial durante los próximos tres años, con cerca de tres millones de etiquetas electrónicas. La primera fase contempla 100 supermercados en 2026.
La escala importa porque El Jamón opera una red regional amplia, no un laboratorio tecnológico de cinco tiendas.
El beneficio inmediato es conocido: los precios pueden actualizarse de forma centralizada y el personal deja de dedicar tantas horas a sustituir etiquetas de papel. Pero el valor de una infraestructura conectada aumenta cuando el retailer empieza a utilizarla para más procesos.
Una etiqueta electrónica puede convertirse en punto de referencia para localización de producto, picking, promociones, tareas en tienda o datos de operación. No todos esos casos de uso estarán necesariamente incluidos desde el primer día, pero el hardware deja instalada la red sobre la que pueden construirse.
También aparecen nuevas dependencias.
Digitalizar millones de etiquetas significa confiar en plataforma cloud, comunicaciones, integraciones con precios y una estrategia de mantenimiento a largo plazo. El proyecto no se justifica únicamente por el ahorro de papel; tiene que funcionar durante años y seguir siendo útil cuando cambien sistemas o formatos de tienda.
El despliegue de El Jamón es una señal relevante para el mercado español porque muestra que la categoría está pasando de “proyecto innovador” a decisión de infraestructura para redes completas.
Cuando una cadena decide digitalizar todos sus lineales, la pregunta ya no es si el precio electrónico funciona. Es qué hará después con un estante que, por primera vez, puede ser gestionado como parte de un sistema digital.