Mercadona ha invertido 54 millones de euros en un almacén online donde 70 robots hacen algo poco cinematográfico y muy útil: evitan que parte del personal tenga que recorrer pasillos para buscar producto.
La nueva Colmena de Vallecas, en Madrid, ocupa 32.000 metros cuadrados y es la mayor instalación online de la compañía. También es la primera que Mercadona define como semiautomatizada. Los robots gestionan más de 2.700 referencias de surtido seco y llevan el producto hacia las estaciones donde los trabajadores completan la preparación del pedido.
Es el modelo goods-to-person, y su lógica importa más que el número de robots.
En un almacén convencional, una parte importante del tiempo de preparación se consume caminando. Automatizar el movimiento permite cambiar la ergonomía y la productividad sin intentar resolver de golpe todo el problema de picking con una máquina humanoide capaz de manipular cualquier producto.
Mercadona ha elegido una frontera clara: automatizar lo repetitivo y físicamente costoso en una categoría relativamente controlable, mientras mantiene personas en la estación de preparación.
Ese diseño también muestra por qué la palabra “semiautomatización” es más útil que muchas promesas de almacenes autónomos.
El grocery tiene una complejidad física enorme. Temperaturas distintas, productos frágiles, pesos irregulares, frescos y fechas de caducidad hacen que automatizar todo el surtido sea considerablemente más difícil que mover cajas estándar. En Vallecas, la automatización se concentra en más de 2.700 referencias de secos, donde el entorno es más predecible.
La escala del centro da contexto al problema. Mercadona dice que la Colmena puede alcanzar 5.000 pedidos diarios. Junto a sus otros centros de Getafe y Boadilla del Monte, la capacidad online de Madrid puede llegar a 8.000 pedidos al día. La nueva instalación contará con 700 trabajadores y 175 furgonetas de reparto; en conjunto, la flota regional supera las 300 unidades.
El crecimiento online empieza a justificar ese tipo de infraestructura. Cinco Días informó de que las ventas digitales de Mercadona alcanzaron 1.061 millones de euros en 2025, un 26% más que el año anterior y alrededor del 2,5% de la facturación total.
Ese 2,5% es una cifra interesante precisamente porque sigue siendo pequeña frente al negocio físico.
Mercadona no está convirtiéndose en un pure player online. Está construyendo una infraestructura específica para que una parte relativamente pequeña, pero creciente, del negocio no degrade la economía del conjunto. El picking manual desde una tienda convencional puede consumir pasillos, stock y horas de personal de una forma difícil de escalar. Una Colmena separa esa operación y permite diseñarla para el pedido digital desde el principio.
La rentabilidad sigue siendo la pregunta difícil. Cinco mil pedidos al día no garantizan que la inversión de 54 millones produzca un retorno atractivo, especialmente cuando la última milla sigue dependiendo de una flota extensa y costosa. La automatización del almacén resuelve sólo una parte del coste de e-grocery.
Pero precisamente por eso Vallecas es un proyecto relevante.
No vende una fantasía de “robotización total”. Ataca un cuello de botella concreto, en una categoría concreta, con una arquitectura que combina personas y máquinas.
Para los retailers que estudian automatización logística, el aprendizaje está ahí. La mejor pregunta no es cuántos robots caben en un almacén. Es qué movimientos humanos dejan de aportar valor y pueden convertirse en flujo automático sin perder flexibilidad.
En Vallecas, Mercadona ha decidido que el producto debe caminar menos que la persona.
Ese cambio de dirección es la tecnología.
El diseño goods-to-person también cambia la relación entre automatización y plantilla. Mercadona presenta el proyecto como una forma de reducir esfuerzo físico, no como una sustitución completa de los 700 trabajadores. Eso permite evaluar el sistema con métricas más útiles que “empleos eliminados”: distancia caminada, ergonomía, pedidos por hora, errores y capacidad punta.
La estacionalidad será una prueba especialmente importante. Un centro dimensionado para 5.000 pedidos diarios debe absorber picos sin convertir los robots o las estaciones de preparación en el nuevo cuello de botella. El software de orquestación tiene que equilibrar inventario, secuencia de pedidos, carga de estaciones y salida hacia las rutas de reparto.
También existe un riesgo de concentración. Cuanto más volumen mueve un centro automatizado, más importante se vuelve su resiliencia. Una avería de software o equipos puede afectar miles de pedidos. La automatización eficiente exige redundancia, mantenimiento predictivo y planes de operación degradada, costes que rara vez aparecen en la foto del robot.
Mercadona lleva años construyendo su canal online con Colmenas separadas del picking tradicional en tienda. Vallecas es la señal de que ese modelo está madurando hacia una infraestructura más automatizada, no de que el supermercado físico haya dejado de importar. De hecho, con solo alrededor del 2,5% de las ventas en online, el reto es conseguir que una operación minoritaria no consuma una parte desproporcionada del margen.